Es una receta olvidada.
Era la cena típica de los pastores. Es un plato reconfortante, blanco y cremoso, pero humilde a más no poder.
INGREDIENTES:
Millo (maíz) en grano: Debe ser millo seco, que se dejaba en remojo toda la noche con un poco de ceniza (método antiguo para pelarlo) o ya pelado.
Sal
Agua
Leche de cabra fresca: Fundamental que sea de cabra para ese sabor potente.
Cáscara de limón y una rama de canela.
PREPARACIÓN:
La Cocción Lenta: Se guisa el millo en agua con sal durante horas (antes se dejaba al borde del fuego de leña) hasta que el grano esté totalmente tierno y el agua se haya consumido casi por completo.
El Toque de Leche: Cuando el millo está blando, se añade la leche de cabra, la canela y el limón.
El Reposo: Se deja hervir a fuego muy lento unos minutos para que la leche coja el sabor del millo y se espese un poquito. Se servía en cuencos hondos de barro.
¿Por qué es especial?
Es una receta que demuestra que con dos ingredientes (millo y leche) se podía alimentar a toda una familia. Hoy se ha perdido porque requiere mucho tiempo de cocción y porque la leche de cabra fresca ya no es tan común en las casas.

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