Hay sabores que tienen el poder mágico de hacernos viajar en el tiempo con el primer bocado. Para quienes crecimos en Canarias, las galletas fritas rellenas de flan son uno de esos tesoros imborrables. Este era el postre estrella de nuestra juventud; el que nunca faltaba en los cumpleaños, en las fiestas del barrio o en esos domingos inolvidables donde las madres y las abuelas llenaban la cocina con un aroma irresistible a canela, azúcar y fritura limpia.
Era una receta humilde, de las de "aprovechar lo que hay en la despensa", pero que competía y ganaba a cualquier pastelería fina. Esas galletas que se volvían tiernas como un bizcocho, rellenas de un flan cremoso y envueltas en una capa crujiente de azúcar y canela... ¡un auténtico peligro porque era imposible comerse solo una!
Hoy quiero recuperar este clásico de nuestra repostería casera para que no se pierda y siga pasando de generación en generación. ¡Preparen los delantales que vamos a revivir esos dulces años!
INGREDIENTES:
Para las galletas y el relleno:
2 paquetes de galletas tipo María (redondas, las de toda la vida).
1 sobre de preparado para flan (tipo El Niño o Royal, de 4 raciones).
500 ml de leche entera.
3 o 4 cucharadas de azúcar (para el flan).
Para el rebozado y la fritura:
Leche entera (para remojar las galletas).
1 ramita de canela o un chorrito de vainilla (opcional, para aromatizar la leche).
2 o 3 huevos batidos.
Aceite de oliva suave o de girasol (para freír).
Azúcar y canela en polvo mezcladas al gusto (para el rebozado final).
PREPARACIÓN:
El flan (bien espeso): En un cazo, disolvemos el sobre de flan y las cucharadas de azúcar en la leche fría. Lo llevamos al fuego medio y removemos continuamente con unas varillas para que no se pegue, hasta que espese y empiece a hervir. Retiramos del fuego y dejamos templar unos minutos, moviéndolo de vez en cuando. Necesitamos que tenga buena consistencia para que luego no se nos desborde.
Montar los sándwiches: Colocamos la mitad de las galletas María extendidas sobre la encimera. Con una cuchara, ponemos una porción generosa de flan justo en el centro de cada galleta. Cubrimos con otra galleta encima, presionando muy suavemente, lo justo para que el flan se extienda hacia los bordes sin salirse.
El reposo (importante): Dejamos enfriar los sándwiches de galleta por completo a temperatura ambiente o los metemos un ratito en la nevera. Esto hará que el flan compacte bien y no se escape durante la fritura.
El remojo express: Ponemos un chorro de leche en un plato hondo (si quieres, puedes hervirla antes con una ramita de canela y dejarla enfriar para darle más sabor). Pasamos las galletas rellenas por la leche de forma muy rápida, un "vuelta y vuelta" visto y no visto. No deben empaparse demasiado o se romperán.
Sellar con huevo: Inmediatamente después de pasarlas por la leche, las bañamos muy bien en el huevo batido. Asegúrate de que los bordes queden perfectamente cubiertos de huevo, ya que esto actuará como "escudo" para sellar el flan dentro.
A la sartén: Calentamos abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto. Vamos friendo las galletas en tandas pequeñas para que no baje la temperatura del aceite. Se doran muy rápido, apenas un minuto por cada lado.
El toque final: Las sacamos con una espumadera y las dejamos escurrir solo un segundo sobre papel absorbente. Rápidamente, mientras sigan calientes (para que se pegue bien), las pasamos por el plato donde tenemos mezclado el azúcar con la canela en polvo.
¡Y listo! Ya tenemos nuestras galletas fritas preparadas. Están deliciosas tanto tibias como completamente frías del día siguiente, cuando la galleta se ha puesto aún más suavecita.
El punto de la galleta: El tiempo de remojo en la leche depende de la marca de la galleta. Si notas que la galleta es muy dura, déjala un par de segundos; si es fina, métela y sácala al instante. El secreto es que queden tiernas por dentro pero con la firmeza suficiente para manejarlas sin que se desarmen.
Cero fugas: Si quieres asegurar el tiro absoluto, prepara el flan usando un chorrito menos de leche de lo que pide el sobre. Al quedar más espeso, el montaje es mucho más limpio.
También se podría sustituir con el preparado para natillas, en caso de no tener el de flan, pero eso sí, siempre tienen que quedar espesas.
