Este es un plato de costa casi extinguido. Se trata de una especie de albóndigas o croquetas rústicas hechas con carne de pescado (normalmente descartes o pescados con mucha espina que se limpiaban con paciencia), mezclada con gofio, hierbabuena y un poco de manteca de cerdo (para darle jugosidad). Se freían y luego se terminaban de guisar en una salsa de cebolla y tomate. Era la forma de aprovechar hasta la última pizca de proteína del mar.
Destaca porque nadie espera que el pescado se presente así, mezclado con gofio y aromatizado con hierbabuena en un guiso caliente.
INGREDIENTES:
Gofio de millo (lo justo para dar consistencia a la masa).
Hierbabuena fresca picada muy fina.
1 huevo.
1 cucharadita de manteca de cerdo (opcional, para dar jugosidad).
Para la salsa: Cebolla, pimiento, mucho tomate maduro, azafrán y un chorrito de vino blanco.
Para complementar: Harina o gofio para rebozar, aceite de oliva, sal y un poco de caldo de pescado (o agua).
PREPARACIÓN:
La masa: En un bol, mezcla el pescado picado a cuchillo con
el huevo, la hierbabuena fresca y la pizca de manteca de cerdo si decides
usarla. Ve añadiendo el gofio de millo poco a poco, amasando con las manos,
hasta conseguir una textura compacta que te permita formar bolas rústicas sin
que se te peguen a los dedos.
Pasa las jipias ligeramente por un poco de harina o gofio. Fríelas en una sartén con aceite de oliva caliente solo lo justo para sellarlas por fuera. Retíralas y resérvalas.
El sofrito y la salsa: En una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva, añade la cebolla y el pimiento picados finitos. Póchalos a fuego lento con una pizca de sal hasta que la cebolla esté bien transparente. A continuación, echa las hebras de azafrán para que se tuesten unos segundos. Sube el fuego, vierte el chorrito de vino blanco y deja que evapore el alcohol un minuto. Incorpora el tomate maduro (bien picado o rallado) y cocina todo despacito hasta que el tomate reduzca y se concentre bien. Si lo sabes hacer de otra manera, pues bien. Cada casa tiene su librillo.
