La clave de una buena pata es la paciencia y el reposo. No solo antes de cocinarla, sino también después.
La Pata Asada es, sin duda, uno de los pilares de la gastronomía popular en Canarias. Se trata de una elaboración sencilla en ingredientes, pero exigente en paciencia, cuyo protagonista es el jamón del cerdo (la pata trasera) asado al horno de forma lenta y tradicional.
Lo que la hace especial frente a otros asados es su versatilidad y su presencia constante en la vida social de las islas:
El "Enyesque" por Excelencia: Es el aperitivo estrella en cualquier celebración familiar, romería o guachinche, servida normalmente en lascas finas con un poco de sal gorda o mojo.
Identidad en el Bocadillo: El "bocadillo de pata" (con o sin queso de flor, y a veces con un toque de alioli) es el desayuno o merienda más icónico en los bares y cafeterías de todo el archipiélago.
Textura y Sabor: Su éxito reside en el contraste entre una carne extremadamente jugosa y aromática (gracias al majado de ajo y especias) y su piel exterior, que tras el horneado se convierte en un chicharrón crujiente muy codiciado.
Es, en esencia, un plato que sabe a fiesta y a tradición compartida, representando la hospitalidad canaria en cada bocado.
Por supuesto, cada casa y persona la hace a su manera.
INGREDIENTES:
1 Pata de cerdo: (Trasera suele ser más grande, delantera o "paletilla" más jugosa). Peso ideal: 4-6 kg.
3 cabezas de ajos (no escatimes, es el alma del plato).
3 cucharadas soperas de sal gruesa.
2 cucharadas de orégano seco.
1 cucharadita de pimienta negra en grano.
1 cucharadita de nuez moscada.
1 cucharada de pimentón dulce de la Vera.
Líquidos:
1 vaso de vino blanco seco (un buen listán blanco canario es ideal).
Zumo de 2 limones grandes.
1/2 vaso de aceite de oliva virgen extra.
1 vaso de agua (para el fondo de la bandeja).
Maizena (para la salsa)
Miel de Palma (para la salsa)
PREPARACIÓN:
Preparar la pieza
En lugar de quitar la piel por completo, te sugiero el estilo tradicional: Separa la piel de la carne parcialmente con un cuchillo afilado (como si fuera una solapa), pero sin quitarla del todo. Esto permite que el majado entre directo a la carne pero que la piel la proteja y se tueste.
Truco: Haz unos cortes profundos en la carne cerca del hueso para que el adobo penetre hasta el centro.
El Majado y el Adobo
En un mortero grande, machaca los ajos con la sal gruesa. Añade el orégano, la pimienta, la nuez moscada y el pimentón. Cuando sea una pasta, integra el limón, el aceite y el vino.
Embadurna la pata "masajeando" la carne. Si dejaste la piel, pon adobo debajo de ella.
Reposo: Envuélvela en film transparente y déjala en la nevera mínimo 12 horas.
El Horneado (La regla de oro)
Precalienta el horno a 180°C. Coloca la pata en una bandeja honda.
Líquido base: Echa un poco de agua y vino en el fondo de la bandeja (que nunca se quede seca para que el vapor mantenga la carne hidratada).
Tiempo: Como bien dices, 1 hora por kilo es la norma. Si pesa 5 kg, cuenta 5 horas.
A mitad de cocción: Rocía la pata con sus propios jugos cada 45 minutos. Si ves que se dora demasiado rápido, cúbrela con papel de aluminio.
4. El toque final (Crujiente)
Si quieres la piel crujiente, los últimos 20-30 minutos sube el horno a 210°C y retira el papel de aluminio si lo tenías. ¡Vigila que no se queme!
Consejos de "Maestro Asador"
El Reposo Post-Horno: Este es el paso que casi todo el mundo se salta. No cortes la pata nada más sacarla. Deja que repose al menos 1 o 2 horas. Esto hace que los jugos se redistribuyan; si la cortas caliente, se desangrará y quedará seca.
El Corte: Usa un cuchillo muy afilado o jamonero. Los cortes deben ser finos.
El acompañamiento: Sírvela con un poco de sal gorda por encima, mojos canarios (verde y rojo) y, por supuesto, un buen pan de puño.
¡Esa salsa es el “oro líquido” de la pata! Es lo que marca la diferencia entre una carne rica y una experiencia de otro nivel. Aquí tienes cómo transformarla en una reducción de jugos espectacular:
Cómo hacer la Reducción de Salsa para Pata Asada
Desglasar la bandeja: Nada más sacar la pata de la bandeja, verás que en el fondo hay partes pegadas y caramelizadas. ¡Ahí está todo el sabor! Echa un chorrito de vino blanco o un poco de agua caliente y raspa con una espátula de madera para soltarlo todo.
Filtrar y desengrasar: Pasa todo ese líquido por un colador fino a un cazo. Déjalo reposar un par de minutos; verás que la grasa (aceite/manteca) sube a la superficie. Con una cuchara, retira la mayor parte de esa grasa para que la salsa no sea pesada.
Ligar la salsa (El secreto de la textura): Pon el cazo a fuego medio. Tienes dos opciones para que espese:
Opción tradicional: Deja que hierva hasta que reduzca a la mitad por sí sola (sabor más intenso).
Opción rápida: Disuelve una cucharadita pequeña de maicena en un pelín de agua fría y añádela al cazo. Remueve sin parar hasta que tenga una textura brillante y aterciopelada.
El toque final: Si notas que el sabor es muy fuerte, añade una cucharadita de miel de palma o miel de flores. Le da un contraste increíble con el adobo de la carne.
¿Cómo servirla?
No bañes toda la pata con la salsa en la fuente. Lo ideal es servir las lascas de carne y poner la salsa bien caliente en una salsera aparte para que cada uno se eche al gusto, especialmente si vas a rellenar bocadillos.