Al contrario que el actual, este no lleva leche ni huevos. Su secreto está en la cocción lenta del millo triturado en agua y en el uso de la manteca para darle esa consistencia que luego permitía cortarlo a cuchillo.
INGREDIENTES:
250 g de harina para frangollo
1 litro de agua.
100 g de manteca de cerdo (preferiblemente de matanza, bien limpia).
150 g de miel de palma o miel de caña de buena calidad.
50 g de pasas sin semillas.
50 g de almendras del país (crudas, peladas y picadas menudas).
La cáscara de un limón verde (solo la parte aromática, sin lo blanco).
Canela en rama.
Una pizca de sal fina.
PREPARACIÓN:
Aromatizar el agua: En un caldero hondo (si es de fondo grueso, mejor), pon a calentar el litro de agua con la cáscara de limón, la rama de canela y la pizca de sal. Déjalo hervir unos 5 minutos para que el agua coja todo el aroma. Retira el limón y la canela.
La cocción del millo: Baja el fuego al mínimo y ve incorporando la harina para frangollo en forma de lluvia, poco a poco, mientras remueves continuamente con una cuchara de madera para que no se formen grumos.
El mimo y la paciencia: Este es el paso clave de las abuelas. Hay que cocinar el frangollo a fuego muy suave durante unos 30 o 40 minutos. No puedes dejar de remover, especialmente el fondo, porque el millo tiende a asentarse y pegarse con mucha facilidad. Sabrás que está cocinado cuando el grano esté tierno y la masa empiece a espesar notablemente.
Enriquecer la masa: Justo en ese momento, añade la manteca de cerdo, la miel de palma (o caña), las almendras picadas y las pasas. Sigue removiendo con energía. Verás cómo la masa absorbe la manteca, se vuelve brillante, oscura por la miel y empieza a despegarse de las paredes del caldero.
El moldeado: Engrasa ligeramente una fuente o molde (antiguamente se usaban jofainas o fuentes de loza) con un pelín de manteca. Vierte el frangollo caliente, alísale la superficie con la cuchara y déjalo enfriar por completo a temperatura ambiente. Decóralo como quieras.
El Toque Final de Antaño:
Una vez frío, mételo en la nevera unas horas para que termine de asentar. Verás que queda un bloque firme. Para presentarlo como se hacía en las bodas de magos, córtalo en rectángulos o rebanadas gruesas.
Si quieres recrear el ambiente puro del siglo XIX, puedes presentar cada porción sobre una hoja limpia de parra o de higuera. El contraste del aroma de la hoja con el dulzor denso de la miel y el toque crujiente de la almendra es un viaje directo al pasado.
