Una de las recetas más antiguas, humildes y entrañables de la gastronomía canaria (especialmente de las zonas altas y boscosas de Tenerife y Gran Canaria) son las Castañas Guisadas con Matalahúva (anís) y Canela, un plato que tradicionalmente se consumía tanto en el desayuno como en la merienda o como postre en los fríos meses de otoño e invierno, especialmente durante la festividad de los Finaos (noche del 31 de octubre al 1 de noviembre).
En el pasado, cuando el trigo y otros recursos escaseaban, la castaña era un sustento vital en los campos canarios. Esta receta las transforma en un bocado tierno, dulce y reconfortante, aromatizado con el inconfundible toque de la matalahúva (semillas de anís), tan presente en la repostería y cocina tradicional de las islas.
INGREDIENTES:
1 kg de castañas canarias frescas.
1 cucharada sopera de matalahúva (semillas de anís).
1 rama de canela.
Un trozo de cáscara de limón (solo la parte amarilla).
3 o 4 cucharadas de azúcar (o al gusto, aunque antiguamente se usaba a menudo un chorrito de miel de caña o se dejaban casi naturales con solo una pizca de sal).
Una pizca de sal.
Agua (la necesaria para cubrir las castañas).
PREPARACIÓN:
Preparar las castañas:
Con un cuchillo afilado, hazles un
corte transversal en la cáscara a cada una para que no estallen y para que sea
más fácil pelarlas después. (Tradicionalmente, en algunas casas se les quitaba
la primera cáscara dura antes de guisarlas, dejando la fina piel interior que
se desprende con la cocción; en otras, se guisaban enteras con su cáscara con
el corte hecho y se pelaban al comerlas. Para esta receta y presentación, las
pelaremos previamente de su corteza dura exterior para apreciar mejor su
textura y el caldo aromático).
El guiso: En una olla honda, coloca las castañas peladas (o con su corte, si decides hacerlas con cáscara).
Cubre las castañas con agua fría (un par de dedos por encima de ellas).
Añade la rama de canela, la cáscara de limón, la cucharada de matalahúva (para que no ande suelta, antiguamente a veces se ponía en un pequeño saquito de tela, pero habitualmente se echaba directamente al agua, aportando todo su sabor y rústica apariencia), el azúcar (o miel de caña) y la pizca de sal.
La cocción: Lleva la olla al fuego y, cuando empiece a hervir, baja a fuego medio-bajo. Tapa la olla y deja guisar durante unos 40-50 minutos, o hasta que las castañas estén completamente tiernas (el tiempo dependerá de la frescura y tamaño de las castañas). Verás que el agua se reduce y se convierte en un almíbar ligero, oscuro y sumamente aromático.
Servir: Sírvelas templadas o frías en un cuenco con un poco de su propio caldo perfumado con la matalahúva y la canela.
