Hoy rescatamos una de esas recetas que son puro tesoro de
nuestra tierra: los auténticos Bollitos de Mami. Estos dulces artesanales,
típicos de la panadería tradicional de Lanzarote, son mucho más que un simple
bocado; son el sabor de la tradición que ha pasado de generación en generación.
Lo que los hace realmente especiales es su textura única —crujiente por fuera y con ese corazón tierno y algo arenoso—, pero sobre todo su aroma inconfundible a matalahúva. Son perfectos para acompañar un buen café o, como hacemos aquí, con un trocito de queso tierno canario.
Prepararlos en casa es volver a los orígenes, a las cocinas de antes donde el tiempo se medía por el olor que salía del horno.
Harina de trigo (repostería): 500 g
Azúcar: 150 g
Huevo: 1 grande
Leche entera: 60 ml
Aceite de girasol (o manteca de cerdo): 100 ml
Matalahúva (anís en grano): 1 cucharada sopera bien llena
Gasificante para repostería: 1 sobre doble (blanco y morado) o 1 cucharadita de levadura química
Almidón de maíz (millo) (Maicena): 1 cucharada de postre (para dar esa textura arenosa)
PREPARACIÓN:
Aromatizar: En un bol grande, mezcla el aceite (o la manteca ablandada) con el azúcar, el huevo y la leche. Bate bien hasta que el azúcar se disuelva y quede una mezcla homogénea. Añade la matalahúva y remueve para que empiece a soltar su aroma.
Incorporar los secos: Tamiza la harina junto con el gasificante y la cucharadita de almidón (Maicena). Ve añadiéndola poco a poco a los líquidos, mezclando primero con una cuchara de madera y luego con las manos.
El punto de la masa: Debes obtener una masa compacta, un pelín densa pero moldeable, que no se pegue excesivamente a las manos. Déjala reposar unos 15 minutos tapada con un paño limpio.
Dar forma: Precalienta el horno a 180°C. Ve cogiendo porciones de masa, forma bolas del tamaño de una ciruela y aplástalas un poco con la palma de la mano para darles esa forma redondeada y rústica. Colócalas en la bandeja sobre papel de horno, dejando un poco de separación.
Horneado: Hornea durante unos 15-20 minutos. Verás que empiezan a agrietarse por arriba y a tomar un precioso color dorado. Sácalos y déjalos enfriar sobre una rejilla para que se pongan crujientes por fuera y tiernos por dentro.

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